jueves, 26 de junio de 2008

we xipantu

bebe..bodoque......esto debi haberlo escrito el 24 de julio y no tantos dias depues..pero la intencion es lo q vale. te cuento q para muchos el 24 de julio es noche de san juan....la recuerdo como un dia de pruebas magicas par decsubrir si serias rico al sacar la papa pelada debajo de la cama o la letra de el principe de tus sueños. los mas oscuros decian q si te sentabas bajo una higuera a las 12 de la noche mas larga del año y la veias florecer serias dueño de un gran bienestar.....y asi suma y sigue. tradicionalmente en estos dias se comia estofado, un menjungue full de calorias q lleva mariscos y carnes y produce un juguito de coccion todopoderoso. solo de mas grande entendi q era mucho mas q eso..y aunq me cuesta aun reencontrame con mi raices indigenas,,ahora q miro para atras veo toda la magia q rodeaba este magico san juan y q en realidad es la noche mas larga del año y para muchos de los pueblos indigenas ,,entre ellos nuestras raices mi bodoquito,,la seña del año nuevo: we xipantu o la "nueva salida del sol" para la gente de la tierra, los mapuches de nuestro temuco. en su cosmologia,,su forma de ver el mundo y de explicarlo, dice q la noche mas larga del año..la del solsticio de invierno, cuando el sol esta mas lejos de la tierra y comienza en invierno en este lado del mundo, la naturaleza llega al fondo de lo profundo....entonces la salvia de todo lo q mueve el mundo se reordena y comienza un nuevo ciclo de la vida,,del año,,,de la esperanza para el espiritu. es el renacer mi bodoque...y estos dias,,q han sido un poco movidos para nosotros son una buena epoca para renacer y verte nacer. porque,,tu papi algo ya te conto,,,,te esperamos y yo me aburro en esa espera,,,los dias se hacen tan largos como cortos se haran cuando tu llegues. mientras,,,nosotros aqui preparamos lo contingente....lo pragmatico,,lo cotidiano, y vamos descubriendo y redescubriendo q juntitos se hace todo mas facil y se soportan mejor los chaparrones. entremedio nos ha pasado de todo...algunas piedras en el caminos,,visitamos a felipe cors de nuevo (quien insite en el dejar ir y ser) y asi sucesivamente....apesar de lo apacible q suena esta espera es movida en el interior. tu padre anda revuelto,,pero con la mochila llena de esperanzas,,,aferrandose a este we xinpatu q esperamos traiga buenas nuevas..y tu mi pequeño...aferrado a mi aun..ya estas por salir..y aqui vamos ansiosos....reviendo la era del hielo,,donde mani, el mamut, sit el perezoso (yo crei erta una zariguecha) y diego el tigre dientes de sable y bodoque,,un bb humano,,,hablan de la ley de una manada: todos cuidan de todos. asi simos nosostros bdq..una pequeña manada..juntamos nuestras manos para q la lluvia no te toque.
un beso
mama
ahhhhh...x el tema del nombre..jajajja,,cuantas vueltas y carambolas: renato bautista. ya te contara tu papi el gran nombre q llevas

El Árbol Seco


Mi pequeño Bauchito:


Tu mamá y yo hemos llegado a acuerdo base con tu nombre, no es una tarea fácil, aún estamos en lña teoría del empate (un nombre ella, uno yo), si todo sale como ahora, pronto te hablaré de lo que la elección significa. El nombre es una cosa importante pues define el modo como el resto te llama, te entiende, la imagen que se hacen de ti. pronto sabras de esas cosas pero hay una en la que creo debes ir aprendiendo o recordadndo desde ahora: llegas a un mundo algo complicado más allá de la puerta de la casa, tampoco es el mundo que soñamos y vivimos en las cartas que te escribo sino uno menos simple y de complejo a veces aburrido y frustrante, por eso siento que te hará bien leer esta breve historia sobre un monje franciscano y un árbol seco en la cima de una montaña, es una de las historias más bellas que conozco y casi hicieron de mí ese monje y fue que me convertí en ese árbol seco que siempre tiene una vaga pero milagrosa oportunidad. Hoy apareció en la prensa por obra y gracia de C. Warnken, sí el mismo de las otras columnas, esta vez me sorprendió pues es una historia para mí muy conocida y amada, espero te guste. te quieren,


Tu papá.


PS: Tu Mamita está en casa, algo aburrida pero descansa contigo en la pancita para recibirte pronto, te envía besos pegajosos.

El Árbol Seco

(A A. Tarkovski)


Un monje veía desde su ermita, en la cima de la colina más próxima, un árbol seco. Desde que llegó a ese lugar, lo primero que capturó su atención fue ese árbol como dejado de la mano de Dios, seco entre hermosos árboles encendidos en el otoño, cargados de hojas de la más variada gama de ocres, amarillos, rojos.
Pero no eran esos árboles florecidos, sino el irrecuperable árbol seco lo que echaba raíces en el corazón del monje. Lo miró tantas veces con tristeza, después de cada oración, y lo que al comienzo sólo era una distracción de sus arduas tareas habituales se transformó en una obsesión. Soñó varias veces con él: en uno de los sueños, se veía a sí mismo cuando niño, corriendo alrededor del árbol. Una noche vio en sueños al niño -él mismo- abrazar al árbol, y al árbol florecer en pleno otoño.
Al día siguiente, el monje pidió permiso a su superior para ir a regar el árbol seco. El superior era un hombre de edad, silencioso, taciturno; en su frente se notaban las marcas de tantos años de privación, oraciones y sequedad espiritual. Lo miró severamente y le dijo: "Ese árbol está definitivamente muerto, ya sería hora de que lo cortáramos para convertirlo en leña para el próximo invierno".
El monje le rogó que no lo hiciera. Le dijo que él estaba seguro de que podría hacerlo florecer si era constante en el riego, si sostenía su fe en su resurrección. El superior sonrió irónicamente y le dijo que había dentro del monasterio otras tareas más urgentes que la de regar un árbol seco, sin esperanzas. El monje tuvo que aceptar con resignación las implacables y duras palabras de su superior. En el invierno, inesperadamente, el superior enfermó gravemente y falleció en medio de dolores y una honda crisis de fe. Fue un duro golpe para todos: el anciano se llevaba a la tumba los secretos del arte de sobrevivir en las duras inclemencias de la vida monacal.
El nuevo superior tardó en llegar: era el tiempo de las iglesias vacías, de la crisis de vocaciones; la Iglesia, como un inmenso barco de quilla gastada por el mar, debía navegar en medio de implacables tempestades y muchas veces estaba a punto de zozobrar y hundirse, llevada al fondo de sí misma por su propio peso. Pero se sostenía como un barco ebrio, buscando un rumbo seguro en medio de la tormenta final.
Entonces, el monje decidió una mañana subir su primer cubo de agua a la cima del monte, para regar el árbol seco. Cuando vertió el agua por primera vez, sintió una paz y alegría inesperadas -como nunca había sentido en esos años de retiro-. Esa noche, el niño de sus sueños vino a abrazarlo, inundándolo de un gozo inefable.
Todos los días, todos los años, contra toda lógica, el monje fue subiendo los cubos de agua a la cima del monte, a pesar de las burlas de sus propios compañeros, que lo apodaban "el monje seco". Tal vez era el último en ese monasterio, en la Iglesia y en el mundo que todavía creía en que esos milagros eran posibles, contra toda evidencia. Por eso, una mañana, el esperado milagro se hizo realidad: el monje se dio cuenta de que por la noche las ramas secas habían florecido. Nadie se enteró de ese milagro, porque ya nadie miraba al árbol seco, ni él se lo contó a nadie.
Afortunadamente, el hecho no apareció en los diarios, no se transformó la colina en lugar de peregrinación, nadie instaló una ermita ni cobró entrada para ir a ver al árbol milagroso. Era un buen secreto guardado entre el monje y Dios, tal vez el último milagro, que yo ahora cuento, porque el hombre de nuestros tiempos ya dejó de creer en la fuerza de la fe, que antes movió montañas. Andrei, el monje, ya no existe, y con él tal vez se fue el último hombre de Occidente que creyó de verdad. Sólo un inmenso milagro podría salvarnos de nuestra razón devastadora y autónoma, que ha terminado por convertir la tierra en un desierto que avanza a la velocidad de la luz.